Tipos de benchmarking y sus diferencias

Por Felipe

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El benchmarking es el proceso de comparar los productos, servicios y procesos de tu empresa con los de otras compañías de referencia para identificar mejoras y ganar competitividad. Existen cuatro tipos principales —competitivo, funcional, interno y genérico— y cada uno se diferencia por las empresas o áreas que toma como referencia para esa comparación.

Qué es el benchmarking y para qué sirve

Gracias al benchmarking, las empresas pueden mejorar sus procesos internos y diseñar nuevas estrategias para conseguir mejores resultados y ser más competitivas en el mercado actual. Comparar tu negocio con la competencia y con compañías referentes de distintos sectores aporta información de valor para optimizar el funcionamiento de la organización. En el fondo, apostar por el benchmarking es una forma de instaurar una cultura de mejora continua.

En un entorno digital tan volátil y dinámico como el actual, con cambios constantes y la aparición continua de nuevos competidores, las empresas necesitan tener bien definidos sus objetivos, estrategias y procesos. Solo así pueden aprovechar las oportunidades y las tendencias que van surgiendo. El benchmarking ofrece justamente ese marco de referencia externo que ayuda a no perder el rumbo.

Cuáles son los objetivos del benchmarking

Cuando una empresa pone en marcha una estrategia de benchmarking, suele perseguir varios objetivos complementarios:

Analizar los resultados de la competencia. Permite identificar por qué una empresa rival o de otro sector está logrando grandes resultados y ocupa una posición privilegiada en el mercado.

Redefinir los objetivos. Los datos obtenidos sirven para validar si las metas de la empresa están bien fijadas o si distan mucho de las que persiguen sus principales competidores.

Desarrollar nuevas estrategias. Con toda la información recogida se pueden establecer estrategias nuevas u optimizar las que ya están en marcha.

Comparar la eficiencia de los procesos. Es una buena forma de medir la eficiencia de los procesos internos frente a otros competidores, lo que permite rediseñarlos o incluso sustituirlos.

Establecer un nivel de calidad. Ayuda a fijar un nuevo estándar de calidad para los productos y servicios de la empresa.

Tipos de benchmarking y sus diferencias

Existen cuatro tipos principales de benchmarking. Todos persiguen mejorar los procesos y hacer la empresa más competitiva, pero se diferencian en la referencia que utilizan para comparar.

Benchmarking competitivo

Se centra en conocer la situación de la empresa en relación con sus principales competidores. Consiste en comparar los procesos y el desempeño actual del negocio con los de esos competidores para identificar los fallos que se están cometiendo y corregirlos. Es el tipo más utilizado: implica un estudio profundo de los rivales, evaluando sus productos, servicios y forma de trabajar. Resulta especialmente útil cuando se va a lanzar un nuevo producto o a entrar en un mercado nuevo.

Benchmarking funcional

Abre el foco e incluye en el estudio a empresas de otros sectores que destacan por sus buenos resultados, aunque no compitan directamente con la tuya. La idea es obtener información de organizaciones que lo están haciendo bien, sea cual sea su sector, porque cualquier empresa con buena posición en el mercado tiene algo de valor que aportar.

Benchmarking interno

Es la comparativa entre los distintos departamentos de la propia empresa. El objetivo es trasladar las prácticas y procesos de un área que está obteniendo grandes resultados a otras que no son tan eficientes. Este tipo de benchmarking optimiza las tareas de las distintas áreas, mejora la comunicación entre departamentos y ayuda a maximizar los resultados globales.

Benchmarking genérico

Es similar al funcional, pero se centra en aspectos concretos de interés de una empresa que no es competidora directa. Por ejemplo, se puede estudiar el proceso de atención al cliente de una compañía de telefonía para aplicar sus buenas prácticas en una tienda online de productos tecnológicos. Aunque ambas empresas sean distintas y no compitan entre sí, este enfoque permite implementar un proceso concreto que está dando buenos resultados en otro contexto.

Cómo aplicar el benchmarking paso a paso

Para que el benchmarking sea útil conviene seguir un método ordenado. Primero, define qué quieres comparar: un proceso, un producto, la atención al cliente o el rendimiento de tu web. Después, selecciona las empresas o áreas de referencia y recopila datos fiables sobre ellas. A continuación, analiza las diferencias entre lo que hacen ellas y lo que haces tú, identifica las buenas prácticas que puedes adoptar y, por último, implementa los cambios y mide los resultados para comprobar si la mejora ha sido real. El benchmarking no es una acción puntual, sino un ciclo que se repite para sostener la mejora continua.

Benchmarking digital: compara también tu presencia online

Cada vez más, el benchmarking no se limita a productos o procesos: también se aplica a la presencia online. Comparar la velocidad de carga, la disponibilidad y la experiencia de usuario de tu web con las de la competencia es una de las formas más reveladoras de benchmarking, porque esos factores influyen directamente en las ventas y en el posicionamiento. De poco sirve detectar que un competidor carga más rápido si tu propio sitio se queda corto de recursos. Por eso, apoyar tu proyecto en un hosting con tecnología LiteSpeed y discos NVMe te permite competir en igualdad de condiciones, con tiempos de respuesta ágiles y alta disponibilidad. Un buen alojamiento convierte las conclusiones del benchmarking en una ventaja real.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre benchmarking competitivo y funcional?

El competitivo compara tu empresa con sus rivales directos, mientras que el funcional toma como referencia a empresas de otros sectores que destacan, aunque no compitan contigo. El primero busca corregir fallos frente a la competencia; el segundo, inspirarse en buenas prácticas de cualquier sector.

¿El benchmarking es solo para grandes empresas?

No. Aunque se asocia a grandes compañías, es una herramienta válida para cualquier negocio, incluso pequeño. Permite identificar qué están haciendo bien los competidores y mejorar los propios procesos con esa información, sin necesidad de grandes presupuestos.

¿Cada cuánto debería hacer benchmarking?

Al tratarse de un proceso de mejora continua, lo ideal es repetirlo de forma periódica, por ejemplo una o dos veces al año o antes de decisiones importantes como un lanzamiento o la entrada en un nuevo mercado. Así mantienes tus referencias actualizadas en un mercado que cambia rápido.

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